Saturday, February 13, 2010

La educación: responsabilidad e impotencia

Posiblemente cuando eras joven y empezabas a sentar cabeza (o te la hacían sentar a cambio de algún magreo en la parte de atrás de un coche), te planteaste que te gustaría tener hijos, y proyectaste sobre tu futra paternidad todo aquello que te gustaría hacer y lo que no. En esto, va en gustos: en un extremo, algunos se limitarían con perpetuar la educación que recibieron (los pocos), y otros en cambio desearían educar a sus hijos de manera totalmente opuesta a como fueron educados ellos.

Poco importa, ya que la educación que finalmente des a tus hijos la decidirá tu mujer de principio a fin. Así que haz te a la idea. Como mucho podrás elegir cuál será su equipo de fútbol (y ojo con que tu suegro sea del equipo rival, porque entonces te tocará callarte más de una vez).

He aquí un listado de las cosas trascendentes de la educación de tu hijo de las que te sentirás responsable y de las que no decidirás:
- Tipo de enseñana (colegio público, concertado o privado).
- Orientación sexual.
- Tipo de juegos (la mayoría de los que te gustan resultarán ser violentos, sexistas, etc.).
- Marca de videoconsola.
- Decoración de su habitación.
- Ropa que lleva.
- Y lo más importante: valores a transmitir y autoridad.

La tendencia actual es que hay que educar a los hijos con flexibilidad, sí que prepárate para vivir en el caos. Tu casa estará llena de juguetes (todas las habitaciones), tu hijo decidirá la programación de televisión, si quiere o no ir a la guardería, qué ropa se pone, si se quiere bañar o no, si se quiere cortar las uñas, qué quiere comer, si quiere irse o no a dormir, y una larga lista de cosas que complicarán tu vida y te harán perder un montón de tiempo.
Cualquier intento de imponer algo de orden en esta situación será considerado por tu pareja como retrógrado, dictatorial, conductista o muchos más cosas negativas. Así que hay que armarse paciencia y soportar cómo se educa a tu hijo de la manera que nunca quisiste que se hiciera, y que encima se exija tu participación en semejante sacrilegio pedagógico.
Pero de nuevo, lo mejor será que te calles y aguantes, ya que lo único que conseguirás será tener maratonianas discusiones que complicarán tu ya de por sí escsa vida sexual, y acabar en el mismo punto en el que habías empezado.

Piensa también que no exista el padre perfecto (ni la madre perfecta, aunque esto último ni se te ocurra mencionarlo delante de ella). Tener hijos es una experiencia que debes disfrutar, y pensar siempre que cuando tus hijos tengan 18 años, la responsabilidad sobre lo que hagan en su vida debe ser sólo suya. El resto plantéatelo de manera que por bajo mano le transmitas a tus hijos algo de lo que abiertamente no puedes hacer, y celebrar en secreto las pequeñas victorias cuando la gran cagada de educación que tu mujer está intentando dar a tus hijos comiencen a dar sus frutos.

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