No importa lo unido que estés a tu pareja, las noches mirando las estrellas, lo bonito que fue la voda, ni aquel viaje a una isla tropical. Cuando tengas hijos, de pronto te sentirás totalmente solo.
Las preocupaciones de tu pareja girarán siempre entorno a los bebés, y las conversaciones ya no hablarán de cómo se siente cada uno dentro de la pareja, ni de planes para el futuro, sino de mastitis, pezoneras, partos lotus, perineos, cordones umbilicales, subidas de leche (no es lo que crees). Cuando el pediatra Carlos González (del cual tu mujer habrá leído u oído hablar de algún libro) hable de mamadas, no te engañes. La única mamada que verás será en un canal analógico mientras tu mujer y tu bebé de han desterrado de tu cama (esto claro antes del apagín analógico).
Pero créeme, lo mejor será que te aisles y recuperes tu propio mundo. No esperes comprensión por parte de tu pareja, ya que cualquier comentario que hagas, aunque sólo sea el derecho al pataleo o un pensamiento en voz alta, se convertirá en una muestra de tu atroz egoísmo.
Tu mujer en estos momentos está experimentando un tremendo cambio hormonal equivalente a varias reglas juntas (imagina), tiene un bebé en brazos día y noche que no para de llorar sin que sepa el motivo, no tiene ni idea de cómo darle el pecho (por mucho que sea algo natural no es tan sencillo), se sentirá culpable tanto si elgie la lactancia materna como artificial, y tiene ganas de desahogarse con alguien. El cabeza de turco no serán lógicamente vuestros familiares ni amigos, que os harán un visita de cortesía en la que ambos fingiréis que todo es una maravilla (sobre todo si los visitantes también tienen hijos, en cuyo caso se establecerá una competencia por demostrar quién es el hijo más guapo/listo y/o los padres más competentes). Así que, compañero, la bronca te la vas a llevar tú.
En resumen, lo mejor será que te quedes callado la mayor parte del tiempo, que hagas sin rechistar lo que te digan y que tengas algún detalle cariñoso con tu mujer y el bebé de vez en cuando. A cambio conseguirás que te dejen tranquilo algún tiempo, y puedas dedicarte a ver algún partido de fútbol interesante, a leer un libro o a lo que prefieras. Sólo ten en cuenta que tendrán que ser entretenimientos indoor, porque cada vez que propongas salir de casa, una mirada de odio femenino te atravesará hasta el tuétano.
Olvídate de tus amigos, porque si intentas mantener el contacto telefónicamenteacabarás sintiéndote más culpable y tonto todavía de lo que ya estás. Confórmate con tomar una cerveza de vez en cuanto (siempre que haya una buena excusa). Cuando lo hagas te pasará por la cabeza si lo mejor es sincerarte con tu amigo y contarle la mierda de vida aburrida que llevas, o bien fingir que eres la familia perfecta. Queda a tu elección, aunque debes saber que llegado este punto tus amigos se estarán ya descojonando de ti o compadeciéndote, según lo que te aprecien.
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